La Riviera francesa es un destino perfecto para el turismo de todas las estaciones: el lento ritmo del otoño te permite descubrir rincones mágicos.

Costa Azul: en la imaginación popular, la Riviera francesa es el destino perfecto para unas vacaciones de verano: pero una vez que ha pasado la locura  y la saturación veraniega de los meses más cálidos, es posible descubrir con tranquilidad la belleza de sus pueblos.

Partiendo desde Mentón, lugar perfecto para quedarse a bordo de un barco atracado en el puerto: la ciudad con el clima más cálido del país, un pueblo de árboles cítricos y parques.

Porque es precisamente el clima particular lo que permite a la ciudad albergar 7 jardines, donde la naturaleza y el patrimonio arquitectónico se mezclan armoniosamente.

Sin olvidar el jardín del Palais de Carnolès, que alberga 167 variedades diferentes de cítricos, a partir de su majestad el limón, símbolo de Mentón y protagonista del festival, cuya próxima edición está programada para febrero de 2020.

Niza, la capital de la Riviera francesa

Costa Azul: Desde Mentón es fácil desplazarse a Niza, la quinta ciudad de Francia, considerada la capital de la Costa y llena de eventos culturales y sociales durante todo el año.

Restaurantes, bares, tiendas, mercados y museos están abiertos todo el año y ofrecen en esta temporada lo que se define como «verano indio», caracterizado por el sol, el clima suave y la luz particular que ilumina los diferentes rincones de la ciudad y que ha sido una fuente de inspiración para muchos artistas.

Pasear tranquilamente por las calles de la ciudad, disfrutando del ritmo lento del otoño es una experiencia única, esperando las locuras del Carnaval, que comienza en febrero y se desata durante tres semanas.

Costa Azul Port Menton

Costa Azul: Antibes, la ciudad de Picasso

Y desde Niza es imposible no ir a Antibes Juan Le Pins, un pueblo que inspiró algunas de las obras de Picasso, que se pueden admirar en el museo dedicado al artista.

El clima permite nadar incluso fuera de temporada, evitando la multitud de julio y agosto, pero sin duda es el casco antiguo el que ofrece los espectáculos más bellos.

Caminar a través de los perfumes que evocan ya a Provenza, hasta llegar al Bois de la Garupe y la capilla de Notre Dame escondida entre la vegetación, es realmente un descubrimiento increíble de cómo en estos lugares de la Riviera francesa se observe su belleza incluso con la luz otoñal.

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